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Entrevista a Esther Herranz. FOOD DEFENSE, EL GRAN RETO PARA LA UE

Este mes la Revista Alimentaria nos muestra la interesante entrevista a Esther Herranz García, Eurodiputada del Grupo del Partido Popular Europeo.

Estamos expuestos a un ataque terrorista en el ámbito alimentario en cualquier momento.

 

 

Revista Alimentaria.- ¿Cómo se encuentra el sector de la agricultura y la ganadería en la Unión Europea?

 

Esther Herranz.- España tiene una gran industria, que además es sostenible, que es el turismo, pero detrás del turismo está el sector agroalimentario, que es sostenible porque tenemos la mala costumbre de comer todos los días, y además contamos con la ventaja de ser un país que es gran productor de alimentos porque tenemos clima, localización, experiencia, tradición, etc. Tanto nuestros embutidos, como nuestra verduras, cereales, frutas, carnes, pescados… son de excelente calidad. Asimismo, como estamos en el territorio europeo, que es el más exigente del mundo en materia de calidad, pues tenemos el plus de la exigencia europea. Pero es que además tenemos el top de la producción de calidad.


Es un sector que está llamado a generar muchísimos puestos de trabajo, y a tener vocación de exportación a todo el mundo, ya sea conservas de pescado, frescos, aceites de oliva, etc. Gracias al transporte aéreo se pueden poner los frescos en cualquier parte del mundo, y tenemos ejemplos de empresas españolas que están dando de comer fruta a media Europa. Lo que hay que hacer es fomentarlo y que la gente joven se apunte a este sector que siempre ha sido maltratado y ha estado mal visto, bajo la premisa de “el que no vale para estudiar, para el campo”. Pero ahora no es así, esto ha cambiado, y es la gente más preparada de las universidades la que decide que va a comenzar un negocio agrícola o ganadero. Los jóvenes agricultores y ganaderos han evolucionado, son gente profesional, muy tecnificada, que maneja los sistemas de información geográfica, de comunicación, para controlar aspectos como el riego de sus explotaciones, e incluso para analizar la leche en tiempo real, entre otros aspectos.

 


Los productores comunitarios tienen las normas más exigentes


Tenemos ejemplos como el de la última ganadora del Premio Europeo Mejor Joven Agricultor Sostenible, que tiene una finca dedicada a la ganadería a las afueras de Madrid, y con iniciativas como la suya se ocupa el territorio rural, luchan a favor del medio ambiente, y dan vida a los pueblos, que están llenos de riqueza cultural. La gente tiene que vivir en los pueblos, hacer negocios y sacarle rentabilidad. Políticas como la PAC, tanto en el área de desarrollo rural como en las ayudas directas, vienen a complementar, pero el negocio tiene que ser sostenible por sí mismo, no podemos estar pendientes de una subvención. Si además la Comisión Europea quiere compensar la exigencia que sufre el productor comunitario con respecto a lo que no exige a los que vienen de países terceros, sería estupendo.

 

 

Debemos proteger nuestras denominaciones de origen


En mi caso trato de apoyar siempre que puedo la ganadería porque es más difícil que un ganadero salga adelante, sobre todo porque ahora se buscan nichos de empleabilidad con un plus de calidad, que normalmente procede de razas exclusivas como el cordero chamarito, la vaca tudanca, etc., que suelen ser difíciles de sacar adelante. Es cierto que el agricultor tiene una vida más dura porque tiene el negocio a la intemperie, pero el ganadero trabaja con animales que hay que limpiar, asear y alimentar todos los días; por tanto, si esclava es la agricultura, aún más la ganadería. A la gente que trabaja en este sector hay que darle visibilidad, conocimiento y apoyo.


R. A.- ¿Cuál es el foco que tiene el Parlamento Europeo hacia la agricultura?


E. H.- Nosotros lo que queremos es contribuir a que el sector agrario, ganadero y agroalimentario europeo sea solvente y potente en el mundo. No solamente para dar de comer a los europeos con la seguridad de que vamos a estar abastecidos y que no vamos a tener que pagar muy cara la comida, y encima va a ser de calidad, sino que también queremos que exporten, ya que desde el PP siempre hemos dicho que este sector es estratégico, genera empleo, ocupa el territorio, y nos ayuda a mantener una cohesión territorial.


R. A.- Actualmente, ¿cuál es el riesgo que tenemos en Europa de sufrir una contaminación intencionada de nuestros alimentos o bebidas? ¿Considera necesario crear una legislación específica a nivel europeo sobre estas cuestiones de Food Defense? ¿Qué pasos están dando en este sentido?

E. H.- Estamos expuestos a un ataque terrorista en cualquier momento, lo estamos comprobando. Las medidas de seguridad de los Estados Miembros son diferentes en cada uno de ellos, todavía no hay una coordinación europea en materia de seguridad.


Por eso hemos organizado una jornada en octubre, junto con el Grupo Food Defense, con la Comisión Europea y autoridades de la FDA (Food and Drug Administration) estadounidense, para conseguir que los eurodiputados conozcan lo que significa protegernos de un posible ataque terrorista a nuestros alimentos o bebidas, y dar así una mayor seguridad al consumidor. Este evento está llamado a despertar conciencia acerca de este problema, porque mucha gente ni se lo habrá planteado nunca, y espero que consigamos que lo hagan. Tratamos de que las autoridades de la FDA vengan a esta reunión, a través del contacto con el embajador de EE.UU ante la Unión Europea, que ha entendido nuestra preocupación por este tema. Queremos apostar por darle visibilidad y que por lo menos la gente lo conozca, que los eurodiputados sean conscientes de este reto de conseguir que demos un plus de valor añadido a nuestra producción, que ya es buena, pero que además nos aseguremos de que la forma en que la elaboramos es la mejor posible.


En cuanto a una legislación obligatoria sobre Food Defense, la Comisión Europea es reticente porque en este periodo legislativo de cinco años no quiere crear mucha legislación nueva porque en los periodos anteriores se ha emitido mucha legislación y actualmente se pretende organizar la que tenemos. Pero existen algunos temas, como este por ejemplo, que son de importancia evidente y no podemos dejar pasar el tiempo. Aún más ahora que estamos negociando un posible acuerdo comercial con EE.UU, el TTIP, puesto que ellos ya están protegidos en esta materia de Food Defense. Por lo tanto, si una empresa quiere exportar a EE.UU y quiere que no haya barreras arancelarias, tiene que ofrecer esta seguridad y dar al público americano lo que ellos están acostumbrados a tener. El público europeo no es menos exigente que el americano y en cuanto conozcan lo que es Food Defense, seguro que también lo querrán tener.

 

Otro paso que hemos dado es que hicimos una pregunta parlamentaria a la Comisión Europea sobre este asunto. Como decía, la Comisión es reticente a crear nueva legislación y se remite a la que ya existe, porque es verdad que hay legislación sobre esta cuestión, pero no con el nivel de exigencia y calidad de producto que buscamos. Nosotros queremos unas normas que obliguen a todos los Estados miembros por igual y que homogeneicen los requisitos, para poder hacer una certificación de Food Defense. En este momento tenemos la norma de los británicos, por un lado, en el continente otra norma, pero hay que darle un soporte legal a nivel europeo que trate igual a los 28 Estados miembros y dé seguridad jurídica a las industrias.

 

Con el tema de Food Defense sucede algo similar a lo ocurrido con las normas medioambientales: existía la ISO 14000, etc., pero hasta que no se publicó el Reglamento EMAS, que es el que da el marchamo de que efectivamente eres respetuoso con el medio ambiente, la gente no se terminaba de tomar en serio estas cuestiones.

 


R. A.- ¿Se ha producido recientemente algún ejemplo de este tipo de contaminación intencionada de alimentos?


E. H.- Ejemplos de contaminaciones intencionadas tenemos hace ya varios años el caso del agua de Solares, aparecieron unas botellas con lejía, alguien pinchó el tapón de plástico y añadió lejía.

 

También se han producido casos en algún que otro avión. Uno de ellos llevaba un catering que estaba en malas condiciones, contaminado intencionadamente con heces humanas. Este suceso produjo el ingreso hospitalario de algunos pasajeros, según apareció en la prensa italiana. Siempre se producen, de forma recurrente.

 


R. A.- En general, ¿las empresas agroalimentarias están preparadas para prevenir estos ataques?


E. H.- Probablemente piensen que sí, pero la realidad es que puede que no lo estén haciendo. Tengo experiencia como consultora medioambiental, implementando sistemas de gestión medioambiental en bodegas, y en mis años de profesión pude comprobar que muchas veces la gente piensa que lo está haciendo bien y tiene buena fe, y cuando les explicas que no es así, que deben hacerlo de otra manera, no se lo pueden creer. Por ejemplo, en temas como el ahorro de agua se notaba mucho, ya que les contabas que con la ISO 14000 podían ahorrar muchísimo en la factura de agua y de luz y no te creían, pero luego veían que sí, porque se realizaba un protocolo para apagar las luces, o se reutilizaba el papel por las dos caras, medidas de las que muchas veces no nos damos cuenta, y que pueden evitar una gran cantidad de desperdicio. Por ejemplo, la crisis del pepino es un caso claro de que no tenían aplicadas las técnicas de Food Defense. En el mercado de Hamburgo se les ocurrió poner un palet de pepinos orgánicos al lado de otro palet de no orgánicos, por lo tanto al abonar con materia fecal estaban produciendo un alimento que no podían tener al lado, tenían que tratarlo de una manera específica, porque si no una bacteria que en la segunda parte del aparato digestivo es beneficiosa, en la primera parte del aparato de un ser humano produce una gran intoxicación, que puede llevar incluso a la muerte. No lo hicieron bien y ocasionaron un prejuicio económico enorme a toda la producción de alimentos de España, ecológicos y no ecológicos.

 


R. A.- ¿Qué acciones serían necesarias a nivel europeo para lograr una mayor seguridad alimentaria?


E. H.- Lo primero es la concienciación: no todos los consumidores de los Estados miembros tienen el mismo grado de conocimiento, y para ello hay que hacer campañas de concienciación para lograr que entendamos las cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria, y también para dar a conocer que estamos consumiendo alimentos buenos. Es importante que los consumidores sepan que los productores comunitarios son los que tienen las normas más exigentes del mundo. Por ejemplo, deben saber que todos los productos fitosanitarios que se utilizan en Europa están en una lista restringida para que el alimento sea de mayor calidad y tenga el mínimo impacto posible sobre la salud.

 

Hay muchas cosas que los consumidores no saben y a veces no hacemos bien las cosas, por ejemplo a veces no sabemos cómo usar los productos que sirven para limpiar verduras, qué cantidad de producto utilizar, etc.

 

Un proyecto muy interesante que espero que algún día se lleve a cabo en nuestro país y en toda la Unión Europea, es impartir en las escuelas educación al consumidor, para dar formación e información a los niños desde pequeños. Cuando se acerquen a un comercio, un supermercado, un bar, deben saber lo que tienen que hacer y lo que no. Por ejemplo, muchas veces estamos comiendo en la calle sin lavarnos las manos, tenemos que mirar la copa en la que nos sirven una bebida, si el vidrio no está en condiciones devolverlo, etc. Los niños deben saber leer una etiqueta, y cuando son más mayores, tienen que saber lo que es una negociación de la Organización Mundial del Comercio, para que estén informados como consumidores, para que sepan lo que son las barreras fitosanitarias, las normas de Food Defense, etc.

 

R. A.- ¿Por qué está generando tanto rechazo el acuerdo comercial con Estados Unidos (TIIP)? ¿Qué aspectos clave considera que debe defender la UE en esta negociación?


E. H.- El tratado de libre comercio con EE.UU nos ofrece grandes oportunidades. Tenemos la costumbre al dibujar el mapamundi de seguir poniendo en el centro a Europa, pero actualmente donde está la mayor parte de la población es en Asia y en América. Ya no somos el centro del mundo ni por población ni por producto. EE.UU hace tiempo que lo sabe y que mira al Pacífico, y de hecho ya tiene firmado el acuerdo con el Pacífico. Por eso, es a Europa a quien le interesa un acuerdo con EE UU, porque nosotros somos productores de bienes y servicios que los americanos pueden comprar, y si nosotros no abastecemos de aceite de oliva y otros productos a los americanos, lo harán otros: chinos, japoneses, chilenos, argentinos...

 


Por eso, no cualquier acuerdo, pero sí un buen acuerdo es beneficioso para Europa, tanto para crear riqueza como puestos de trabajo. Y si no tenemos ese acuerdo pues lamentablemente dejaremos de estar en el mapa, porque la zona donde se creará la gran riqueza será el Pacífico y no tendremos esa conexión y será mucho más difícil venderles una botella de vino a los americanos cuando estén acostumbrados a comprársela a los chilenos o a los chinos, que ya producen vino.

 

En este acuerdo ha habido mucha desinformación, se han dicho muchas cosas del TTIP que no son verdad, por ejemplo que iban a privatizar el agua o el aire, y la población se las ha creído. Hace poco se firmó el acuerdo de Colombia y el de Ecuador y no se habló de él; también se está negociando el acuerdo con Mercosur, lo mismo; entonces el rechazo al TTIP, ¿se debe a que es EE UU? Desde mi punto de vista, no podemos cerrarnos a un país, que tiene tanta legitimidad democrática como nosotros, porque a un grupo político le parezca mal. No debemos perder un mercado de 500 millones de personas con alto nivel adquisitivo que pueden comprar buenos productos.


¿O queremos convertirnos en una isla y nosotros mismos autocomprarnos o autovendernos? Estamos en un mundo globalizado y no podemos hacer eso. Lo que hay que hacer es luchar y negociar para que haya un buen acuerdo.


En el sector agrario nos preocupa que se respeten las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas, porque son un patrimonio cultural al que no podemos renunciar, y nos preocupa también que se protejan los sectores sensibles, como son la carne de vacuno y la de pollo. Pero aparte de estas dos cuestiones, bienvenido sea el acuerdo si nos permite vender naranjas. Muchas veces los cítricos han tenido problemas en las fronteras, problemas fitosanitarios y no fitosanitarios, y de reconocimiento mutuo. Por ejemplo un producto que nosotros cuidamos como son las frutas y las hortalizas, salen a la frontera estadounidense y tienen problemas de una barrera porque se declara una plaga o porque la autoridad estadounidense no reconoce nuestro sistema de control. Esto supone una ruina para toda persona que exporte y es una barbaridad para nuestra credibilidad como continente. Tenemos que conseguir un acuerdo bueno que nos permita vender con normalidad a EE.UU, que es un buen mercado, porque hemos sido testigos en muchas ocasiones de cómo nuestros productos se quedan en la frontera, como el problema que tuvimos con el jamón y con la peste porcina. A los productores de jamón les vino un problema tremendo porque se cerraron las fronteras para ellos. Tenemos una producción agroalimentaria excelente pero es necesario que le demos las condiciones óptimas para exportar. Esta es una de las herramientas, y nos traerá puestos de trabajo y oportunidades, aunque también tendremos productos de ellos y bienes, pero ya los tenemos también ahora. Y estamos menos protegidos que ellos.

 


Por ejemplo, cuando un productor europeo quiere exportar alimentos a EE UU tiene que pagar al servicio de certificación, que desde allí mandan personal a Europa, con gastos pagados, para que les certifique. Cuesta muchísimo dinero y quita puestos de trabajo, de esta manera se pierde competitividad. Hay que luchar para tener las mismas condiciones que ellos.

 


En el caso del vino, es un sector privilegiado, porque desde 2006 tiene un acuerdo preferencial (no todas las denominaciones de origen pero sí muchas de ellas) están protegidas y pueden venderse sin riesgos. Pero por ejemplo, si hablamos del vino de Jerez, el vino de Málaga, de Oporto o de Madeira, pueden venderse allí con producción de allí, porque lo consideran un genérico; es decir, que un norteamericano que tenga una bodega puede producir y decir que es un vino de Oporto, de Madeira, de Málaga o de Jerez con solera. Esto se convierte en un problema porque nosotros tenemos que proteger nuestras denominaciones de origen e indicaciones geográficas, esto es un punto irrenunciable aunque los americanos no quieran avanzar por este campo. No queda más remedio porque al final si quieren un acuerdo debe ser así, no podemos aceptar que nos desprestigien de este modo y tenemos muchos alimentos protegidos por una denominación de origen: aceites, frutas, hortalizas, quesos...

 

R. A.- En el caso de las alergias e intolerancias alimentarias, ¿están trabajando en algún aspecto en especial?


E. H.- En el caso de los celiacos, recientemente he tenido una reunión con la asociación que los representa en España porque el 30 de junio ha entrado en vigor un reglamento que les preocupa mucho. Un celiaco o un intolerante al gluten pueden tolerar ambos el mismo límite de gluten, 20 partes por millón, todo lo que supere ese límite les provoca la serie de problemas gástricos que tienen, que luego lleva a desarrollar hipertiroidismo, diabetes, etc.

 


El reglamento que entra en vigor permite que de 20 partes por millón a 100 partes por millón se considere índice bajo en gluten y pueda ser utilizado por intolerantes al gluten, esto es una barbaridad. Para ponernos en situación, un abuelo que tiene un nieto celiaco va al supermercado y compra una caja de galletas que pone esto y que tiene 80 partes por millón, y se la da a su nieto, le está envenenando.

 


Hemos hecho una pregunta parlamentaria a la Comisión Europea y nos lo tiene que aclarar porque no puede ser. Un celiaco sabe cuál es su problema y sabe lo que puede tomar y lo que no, pero un familiar de un celiaco no tiene por qué estar tan informado. Es verdad que hay personas que deciden no tomar gluten para conseguir hacer mejor la digestión, pero no son intolerantes, esas personas sí pueden tomar productos con bajo índice de gluten, pero esos productos no se pueden catalogar como aptos para celiacos. O se es celiaco, o no se es, y si se es no se puede pasar las 20 partes por millón. Los celiacos están muy preocupados, cada vez se descubren más casos, y son muchos ciudadanos españoles los que se tienen que gastar mucho dinero en sus alimentos, por ello deben tener el mejor etiquetado posible.

 


Por otro lado, estamos trabajando en un tema que interesa a otro grupo de población con un problema de salud, como son los diabéticos, con el pan con masa madre, un pan que tiene un índice glucémico más bajo que el pan con levadura, por tanto para personas con problemas de diabetes sería muy interesan- te. También es un pan que dura más, que no es efímero, una barra rápida nos salva el momento pero el pan de masa madre dura más, dos o tres días, como las hogazas de antes de pueblo. Estamos trabajando en eso por- que creemos que es muy interesante y que se puede fomentar.

 


Algunas regiones españolas como Galicia, que tiene mucha tradición de pan, o Logroño donde existe el pan sobao, muy metido en harina, estamos intentando saber si están interesados en participar en la biblioteca que se está llevando a cabo en Bruselas, sobre masas madre. Ya hemos realizado la pregunta parlamentaria y nos tienen que responder, sería un gran paso. Hay que hacer innovación en la línea de que los alimentos que tomemos o elaboremos tengan menos carga glucémica para que sea más fácil controlar la diabetes.

 


R. A.- Una cuestión de seguridad de plena actualidad es el uso del glifosato. ¿Cuál es su postura al respecto? ¿Apoyan que se reautorice su uso?


E. H.- Es un producto que se ha utilizado durante 40 años, que no ha dado problemas y que hay que saber utilizar. El jabón de manos se utiliza en las manos pero si me lo como me intoxico; el glifosato es un fitosanitario que se utiliza en unas determinadas condiciones protegiéndose el productor, el agricultor que lo utiliza, si se protege bien, se lava las manos, se cubre bien, se tapa la boca, no tiene que tener ningún problema. Ha sido una lucha contra los verdes y la izquierda radical que estaban en contra del glifosato y no querían que se autorizara.

 

Hay que decirle al consumidor que la lista de productos restringidos por la Comisión Europea es la más grande del mundo, está prohibido casi todo ya, de lo que se utilizaba hace 25 años a ahora no ha quedado casi nada, ni el 10%. Por tanto, la Comisión Europea no es sospechosa de proteger a las industrias químicas, todo lo contrario. Es más, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) autoriza el glifosato, y es ella la que siempre está prohibiendo sustancias. De repente alguien, por razones ideológicas, decide que no lo quiere y monta una campaña utilizando a los consumidores, desinformándoles y contándoles cosas que no son verdad. De esta forma han conseguido frenarlo.

 

 

Si por casualidad en el futuro surgiera algún problema con esta sustancia, hay procedimientos marcados en el documento que se ha aprobado, para saber cómo reaccionar y se tomarán las medidas pertinentes, pero mientras tanto no vamos a dejar de utilizarlo. No podemos desproteger y penalizar al agricultor no dejándole utilizar un producto que es necesario para producir, pero luego vamos a traer alimentos de países terceros que no sabemos qué productos utilizan. Esos políticos no dicen nada sobre que entren productos de esas características.

 

 

R. A.- De cara al futuro, ¿cuáles cree que son los grandes retos que tiene por delante la UE en materia agroalimentaria?

 

E. H.- Ponerse a la cabeza del mundo en la venta de productos agroalimentarios de calidad es el reto más importante. Además, seguir abasteciendo a la población europea de productos de calidad a precios razonables: ése es el objetivo de la Política Agraria Común, y no darle una compensación al productor por importar productos de fuera de la Unión más baratos y con menos exigencias. El verdadero objetivo es que la población europea tenga alimentos de calidad a precios razonables, porque nosotros pagamos cara la gasolina porque no tenemos petróleo. ¿A qué precio pagaríamos un filete de ternera si no tuviéramos producción de vacuno? Al precio que marcaran los países que sí producen. A lo mejor al principio era barato pero luego no.

 

 

Eso tenemos que evitarlo, y poder autoabastecernos, aunque también tengamos un intercambio. Pero la intención es negociar un precio asequible para la población, para que se alimenten con excelente calidad y a precios razonables. Asimismo, que nuestros alimentos vendan en el mundo para que generen empleo. En esta línea, el comisario Phil Hogan está yendo por el mundo en misiones comerciales para abrir nuevas vías de exportación de nuestros productos, siempre con denominación de origen o indicaciones geográficas.