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TENER O NO UN PLAN FOOD DEFENSE

LAS VENTAJAS ANTE LA COMPETENCIA

Desde hace algunos años y dadas las exigencias marcadas para los controles sanitarios por parte de las autoridades de los distintos Ministerios y Agencias del Gobierno Español, los objetivos principales de las empresas pasaban por cubrir los aspectos más básicos de higiene alimentaria y manipulación de alimentos. La Seguridad Alimentaria o Food Defense era algo que solo valoraban grandes empresas con carácter multinacional o empresas que exportan a los EE.UU., y es debido a la exigencia de la norma de Defensa Alimentaria más allá de nuestras fronteras.


LAS VENTAJAS ANTE LA COMPETENCIA

Desde hace algunos años y dadas las exigencias marcadas para los controles sanitarios por parte de las autoridades de los distintos Ministerios y Agencias del Gobierno Español, los objetivos principales de las empresas pasaban por cubrir los aspectos más básicos de higiene alimentaria y manipulación de alimentos. La Seguridad Alimentaria o Food Defense era algo que solo valoraban grandes empresas con carácter multinacional o empresas que exportan a los EE.UU., y es debido a la exigencia de la norma de Defensa Alimentaria más allá de nuestras fronteras.


Poco a poco, siempre bajo las exigencias y obligaciones legales, comenzaron los análisis y controles de puntos críticos o también llamado APPCC, así como la necesidad de formación para poder implantar y controlar estos sistemas. Actualmente se da por hecho que las empresas cuentan con estos sistemas de análisis, control de higiene y calidad alimentaria. Se controlan periódicamente los parámetros exigidos. Se establece además la necesidad cada vez mayor, de contar con algún sistema integral de gestión de seguridad alimentaria, alineada con la normativa Food Defense. Estos sistemas de control de la industria alimentaria atienden a unos estándares superiores de calidad, buscando siempre la optimización y mejora continua de los procesos desde un punto de vista de la inocuidad de los productos elaborados.

Lo que se cuestiona en muchos casos no es la importancia de este tema, sino hasta dónde debe de llegar la implantación de estas normas. Sistemas como APPCC y sobre todo normas como IFS, BRC en todas sus variantes, Food Defense, conllevan importantes inversiones de mejora de infraestructuras, cambio de procesos productivos, formación del personal y coste de tiempo, tanto de la implantación como de su mantenimiento continúo. Todo ello ha conllevado que en muchas ocasiones, implantar alguna de estas normas sea más una decisión ante la necesidad imperiosa del mercado actual, que una decisión interna de mejora continua de los procesos actuales.

Es por ello que desde un punto de vista externo, este tema da lugar a una reflexión profunda acerca de cómo los sistemas de mejora continua de los procesos industriales en la industria alimentaria, pueden ser percibidos más cómo una obligación del mercado actual que como un sistema de mejora interno de la empresa. Esto conlleva que la respuesta ante la misma pregunta sea de nuevo “cubrir el check list de la auditoria anual”. Muchas veces cuando llamas a las empresas y preguntas por el Director o responsables de Calidad la respuesta de la telefonista siempre coincide “No se puede poner, está preparando la auditoria que es la próxima semana, llámele pasados 15 días” Cuando ocurre esta circunstancia se podría comer en el suelo de la fábrica, ¿Pero esto es realmente así durante todo el año?, ¿es bueno para las empresas agroalimentarias? Creo sinceramente que no, lo que nos puede diferenciar en la actualidad de la competencia es tener una auditoria interna continua, este es un valor muy importante que pasa por conseguir que esta forma de trabajar se convierta en una filosofía interna de las empresas y no en algo que sencillamente haya que cumplir.

Por supuesto, es normal que se vean normas como Food Defense en IFS o BRC únicamente como nuevas exigencias que lo que conllevan es un gasto arbitrario más.

Pero realmente no es así. Sólo el hecho de tener la certificación de cada una de estas normas nos da un elemento diferenciador frente a nuestra competencia, además de abrirnos un mercado que antes de obtenerlas nos estaba vetado. La mejora general, el control sobre la calidad de nuestro producto y sobre la seguridad de éste hacia nuestros consumidores finales, es lo que nos asegura la norma Food Defense. Es posible que además ese gasto que se ha efectuado en su implantación se convierta en un ahorro y una inversión a corto y medio plazo. ¿Se imaginan qué ocurriría si por un error en el proceso de generación del producto se ocasiona un daño al consumidor final? Las consecuencias económicas y de reputación serían enormes. Y más hoy en día con la rapidez con la que se propaga todo en los medios de comunicación y redes sociales.

Poco a poco, siempre bajo las exigencias y obligaciones legales, comenzaron los análisis y controles de puntos críticos o también llamado APPCC, así como la necesidad de formación para poder implantar y controlar estos sistemas. Actualmente se da por hecho que las empresas cuentan con estos sistemas de análisis, control de higiene y calidad alimentaria. Se controlan periódicamente los parámetros exigidos. Se establece además la necesidad cada vez mayor, de contar con algún sistema integral de gestión de seguridad alimentaria, alineada con la normativa Food Defense. Estos sistemas de control de la industria alimentaria atienden a unos estándares superiores de calidad, buscando siempre la optimización y mejora continua de los procesos desde un punto de vista de la inocuidad de los productos elaborados.

Lo que se cuestiona en muchos casos no es la importancia de este tema, sino hasta dónde debe de llegar la implantación de estas normas. Sistemas como APPCC y sobre todo normas como IFS, BRC en todas sus variantes, Food Defense, conllevan importantes inversiones de mejora de infraestructuras, cambio de procesos productivos, formación del personal y coste de tiempo, tanto de la implantación como de su mantenimiento continúo. Todo ello ha conllevado que en muchas ocasiones, implantar alguna de estas normas sea más una decisión ante la necesidad imperiosa del mercado actual, que una decisión interna de mejora continua de los procesos actuales.

Es por ello que desde un punto de vista externo, este tema da lugar a una reflexión profunda acerca de cómo los sistemas de mejora continua de los procesos industriales en la industria alimentaria, pueden ser percibidos más cómo una obligación del mercado actual que como un sistema de mejora interno de la empresa. Esto conlleva que la respuesta ante la misma pregunta sea de nuevo “cubrir el check list de la auditoria anual”. Muchas veces cuando llamas a las empresas y preguntas por el Director o responsables de Calidad la respuesta de la telefonista siempre coincide “No se puede poner, está preparando la auditoria que es la próxima semana, llámele pasados 15 días” Cuando ocurre esta circunstancia se podría comer en el suelo de la fábrica, ¿Pero esto es realmente así durante todo el año?, ¿es bueno para las empresas agroalimentarias? Creo sinceramente que no, lo que nos puede diferenciar en la actualidad de la competencia es tener una auditoria interna continua, este es un valor muy importante que pasa por conseguir que esta forma de trabajar se convierta en una filosofía interna de las empresas y no en algo que sencillamente haya que cumplir.

Por supuesto, es normal que se vean normas como Food Defense en IFS o BRC únicamente como nuevas exigencias que lo que conllevan es un gasto arbitrario más.

Pero realmente no es así. Sólo el hecho de tener la certificación de cada una de estas normas nos da un elemento diferenciador frente a nuestra competencia, además de abrirnos un mercado que antes de obtenerlas nos estaba vetado. La mejora general, el control sobre la calidad de nuestro producto y sobre la seguridad de éste hacia nuestros consumidores finales, es lo que nos asegura la norma Food Defense. Es posible que además ese gasto que se ha efectuado en su implantación se convierta en un ahorro y una inversión a corto y medio plazo. ¿Se imaginan qué ocurriría si por un error en el proceso de generación del producto se ocasiona un daño al consumidor final? Las consecuencias económicas y de reputación serían enormes. Y más hoy en día con la rapidez con la que se propaga todo en los medios de comunicación y redes sociales.